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13 micromachismos que vivimos a diario

¡Te los contamos! Porque tomar conciencia de los errores es el primer paso para poder mejorar las cosas

13 micromachismos que vivimos a diario | Getty Images
 

Aunque es cierto que la sociedad ha hecho algunos avances hacia la igualdad entre hombres y mujeres, todavía existen ciertos comportamientos, llamados micromachismos, que están muy arraigados en nuestro inconsciente y que cuestan identificar como machistas.

Si queréis saber a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de micromachismos, y además queréis verlo ilustrado con una serie de ejemplos que seguro que os van a sonar, acompañadnos en este artículo.

¿Qué son los micromachismos?

La palabra “micromachismo” hace referencia al término acuñado por el terapeuta argentino Luis Bonino en 1990. Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. Que sean “micro” implican que son casi imperceptibles, y lo que los hace graves es que se encuentran en la socialización entre hombres y mujeres, moldeando las relaciones entre géneros y dañando la autonomía femenina.

El objetivo de los micromachismos es imponer poder sobre la mujer y a la vez aprovecharse del papel culturalmente asociado a ellas de “cuidadoras”.

13 ejemplos de micromachismo

Para aclarar a qué nos referimos con micromachismos, vamos a enumerar una serie de comportamientos que encajan dentro de esta definición. Es importante tener en cuenta de que no son comportamientos exclusivos de los hombres, puede ser que algunos de ellos también los hagan mujeres, ya que son comportamientos que hemos visto durante toda nuestra vida y hemos acabado aceptando como normales cuando en realidad son machistas.

1. Las damas primero

13 micromachismos que vivimos a diario | Getty Images
 

Seguro que todas hemos vivido algo así en algún momento: vamos a entrar a un lugar y tenemos detrás a un hombre. Abrimos la puerta y la sujetamos para que pase él primero, a lo que él coge la puerta y nos indica que pasemos. Nosotras insistimos, pero él se niega a pasar primero. Puede parecer un acto de buena educación, y realmente no hace daño a nadie, pero la realidad es que detrás hay constructos sociales arraigados al machismo. La pregunta clave para saber si es un micromachismo o no es: ¿si fuera un hombre el que estuviera aguantándome la puerta, insistiría tanto en que pasara el primero?

2. Asumir que la bebida alcohólica es para él

Cuando salimos a tomar algo a un bar, es habitual que se den situaciones de micromachismos. Un ejemplo es que la mujer pida una cerveza y el hombre un zumo, y al traer las bebidas le den la cerveza a él y el zumo a ella, cuando lo más normal sería preguntar.

Otras situaciones de micromachismos que nos podemos encontrar es que una mujer pida un refresco y por defecto pregunten si el refresco lo quiere light, mientras que a un hombre no se lo suelen preguntar.

3. Dar por supuesto que va a pagar el chico

Más de una vez os lo habréis encontrado. Salís a cenar o a tomar algo con vuestra pareja o un amigo, y al traer la cuenta se la dan a él. Por suerte cada vez sucede menos, pero también se trata de un micromachismo.

4. Alabar a un hombre cuando cuida de sus hijos

13 micromachismos que vivimos a diario | Getty Images
 

Otro ejemplo claro de micromachismo es cuando alabamos a un hombre por hacer una tarea que también es responsabilidad suya y que en cambio jamás haríamos con una mujer. Por ejemplo, decirle a un hombre que es muy buen padre por llevar a los niños al médico o alabarle por poner las lavadoras. No es ningún logro ni nada a celebrar, son tareas básicas que ya deberían estar asumidas como compartidas.

5. La distinción entre señora y señorita

Si os fijáis en prácticamente todos los formularios encontramos tres distinciones antes de poner nuestro nombre: Señor, señora y señorita. Solo las mujeres podemos ser señora o señorita, pero lo grave viene cuando nos paramos a pensar dónde radica la diferencia: una mujer pasa a ser señora cuando se casa. Es decir, que una mujer no casada será siempre una señorita aunque tenga 85 años. Esto es un micromachismo que infantiliza a las mujeres y relaciona su madurez con la existencia de un marido.

6. Mujeres florero

13 micromachismos que vivimos a diario | Getty Images
 

Todavía hoy existen multitud de trabajos únicamente femeninos en los que el rol de la mujer bien lo podría hacer un mueble. Son trabajos que no exigen ningún tipo de habilidad, simplemente que seas atractiva. Algunos ejemplos de este micromachismo son las azafatas en las carreras de motos y coches que solo sujetan el paraguas u ofrecen el ramillete al ganador, o las azafatas en los concursos de la tele que prácticamente solo están ahí como algo bonito de ver.

7. Mujeres con visibilidad pública

Es curioso que las mujeres que tienen visibilidad pública, como por ejemplo políticas, sean referidas normalmente por su nombre, sobre todo si son jóvenes, mientras que los hombres son referidos por su apellido. Esto es otro ejemplo de micromachismo que tiene como objetivo infantilizar a las mujeres y quitarles seriedad.

En este ámbito también podemos hablar del tipo de criterios por los que se critica a las mujeres y no a los hombres, como el tipo de ropa que llevan, el peinado o si son atractivas o no. La gran mayoría de hombres políticos no destaca por su atractivo físico, pero en ningún debate se hablará de ello como una razón más que descalifica al hombre como candidato. Por eso son micromachismos.

8. Mansplaining

Este micromachismo hace referencia básicamente al acto de explicar algo, de hombre a mujer, de manera condescendiente o paternalista. Suele utilizarse en situaciones en las que un hombre empieza a explicarle a una mujer sobre algo dando por sentado que no lo va a saber y sin pararse a pensar que esa mujer puede saber más del tema que él. Suele venir provocado por un sistema que refuerza el exceso de seguridad en los hombres mientras que educa a las mujeres en la inseguridad y la autolimitación.

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9. Yo “ayudo” en casa

Con la entrada en los debates de la importancia de la división de las tareas domésticas, cada vez hay más hombres que asumen su parte de responsabilidad en ellas y colaboran. Aún así todavía es muy habitual oír a hombres decir que ellos “ayudan” en casa, un micromachismo que da a entender que en realidad creen que es tarea de su mujer pero les hacen el favor de quitarles un poco de trabajo. La realidad es que en la casa viven ambos, el hombre y la mujer, con lo que nadie ayuda a nadie, el trabajo es de ambos.

Otro ejemplo podría ser cuando una mujer se queja de que el hombre no ha hecho algo relacionado con las tareas domésticas y él le contesta que es porque ella no se lo había pedido. Eso forma parte de la carga emocional de las tareas domésticas, otro micromachismo que implican no solo hacer esas tareas domésticas sino también llevar la organización de la casa y repartir las tareas.

También es un clásico decirle a un hombre que “se ha quedado de niñera” cuando tiene que cuidar de sus hijos solo, dando a entender que es algo excepcional y raro, cuando los hijos son de ambos y la responsabilidad de cuidarlos son de ambos. Un micromachismo que relega el trabajo de cuidados a las mujeres.

10. Manspreading

Este término hace referencia a la práctica de algunos hombres de sentarse con las piernas abiertas en sitios públicos (normalmente en el transporte público), ocupando con ello más espacio del de un asiento. Se trata de un micromachismo porque no tiene en consideración que se pueda estar molestando a los demás, haciendo una invasión del espacio personal, además de incomodar a las personas que tengan al lado al obligarles a tener contacto con sus piernas.

11. La importancia del lenguaje

Puede parecernos una tontería, pero en realidad es el lenguaje el que moldea nuestra visión del mundo, y por lo tanto puede afectar también en ciertas actitudes. Si hay sustantivos que tienen un femenino aceptado por la RAE pero te empeñas en seguir utilizando el masculino, es un tipo de micromachismo. Por ejemplo, palabras como jueza, médica o presidenta ya son de uso corriente, pero en muchos medios de comunicación (y muchas personas en el día a día) siguen refiriéndose al femenino con las palabras masculinas.

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12. El cambiador de bebés en el baño de las mujeres

Creo que no hace falta explicar demasiado por qué se trata de un micromachismo, y desgraciadamente prácticamente en todos los baños públicos el cambiador suele estar en el baño de mujeres.

13. Tomarse demasiadas confianzas con una mujer que no se conoce

13 micromachismos que vivimos a diario | Getty Images
 

Es muy habitual que las mujeres que trabajan de cara al público (dependientas, camareras, azafatas…) sean dirigidas con apelativos como “guapa”, “cariño” o  “niña”. Con este micromachismo la mujer deja de ser tratada como una trabajadora y se establece un juego de poder. Si no llamarías así a un hombre, no lo hagas tampoco con una mujer.

¿Cómo saber si estamos ante un micromachismo?

Aunque estos micromachismos puedan parecer inofensivos, son comportamientos y actitudes que interfieren en la manera como nos relacionamos entre nosotros y la manera como nos vemos los unos a los otros. Muchos de ellos están provocados por una alienación del otro, ver a las mujeres como algo muy distinto a los hombres, cuando en realidad somos muy parecidos, pero nos socializan y nos educan de manera diferente.

Siendo conscientes de estas actitudes podemos minimizar los micromachismos y al hacer un trabajo activo también nos será más fácil empatizar con el otro género y podremos construir relaciones más sanas e igualitarias.

Si tenemos dudas sobre si un comentario o una actitud puede ser un micromachismo, una manera de averiguarlo es pensar cómo sería decir o hacer eso mismo a un hombre. Si te parece ridículo u ofensivo, lo más probable es que se trate de un micromachismo.

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