¿Cómo actuar ante una pataleta? 7 ideas sobre rabietas infantiles

Te contamos algunos consejos sobre las temidas rabietas infantiles para conseguir manejarlas con acierto.
7 ideas sobre las rabietas infantiles para manejarlas con acierto | BitPadres

 

¿Qué padre o qué madre no se ha encontrado alguna vez con la típica escena desesperante de una pataleta o rabieta infantil por parte de su hijo? Probablemente no se escape casi nadie, ya que suelen ser las maniobras recurrentes que nos reservan los más pequeños para mostrar su disconformidad en ciertas edades tempranas.

Pero ésta no es ni debe ser la única lectura que hagamos de esta situación tan habitual, y mucho menos quedarnos sin preguntarnos cuál puede ser la mejor forma de actuar nosotros como adultos en esos momentos de conflicto. Para echarte una mano, te proponemos 7 ideas sobre rabietas infantiles para manejarlas con acierto.

¿Qué son las rabietas infantiles?

Seguro que te suena esta situación: Estás con tu hijo en casa, en la calle o en algún lugar concurrido, cuando en un momento dado surge algún conflicto con el que comienzan los gritos, los lloros y las pataletas. Puede que se tire al suelo fuera de sí y no te veas capaz de hacerle razonar ni consolarlo. Este tipo de comportamiento es propio de las rabietas infantiles.

Entorno a los 2 - 4 años de edad, los niños atraviesan una fase (completamente normal) de su desarrollo como personas: Mientras continúan descubriendo el funcionamiento del mundo también comienzan a apreciar sus gustos y preferencias, a tomar sus decisiones, a expresar sus emociones y sus deseos…

Y para conseguir hacerse entender por los adultos, con quienes necesitan comunicarse, a veces es el propio lenguaje el que no les acompaña y suele ser motivo también de frustración. Y es entonces cuando surgen las rabietas infantiles: Lo que para ellos resulta importante y trascendente, no les parece que los adultos lo sientan de la misma forma y reaccionan con una pataleta como la forma de expresarlo.

¿Sabrías cómo actuar ante las rabietas de tu hijo?

Punto de partida: Ante todo, mantengamos la calma ante las rabietas infantiles. Parece fácil de decir e imposible de conseguir, y sí, es un auténtico ejercicio de autocontrol, pero si alguien tiene que hacerlo somos los padres, para así poder manejar la pataleta con acierto.

Para poder gestionar la situación correctamente intentemos recordar lo antes dicho: Cuando las rabietas tienen lugar, lo que está claro es que nuestros peques no son capaces de regular de forma efectiva sus emociones.

Cada situación requerirá una acción diferente en función del origen de la pataleta en cuestión, pero el punto de partida es el mismo, que es conseguir mantener la calma nosotros, y la finalidad perseguida también, que será ayudar a nuestro hijo a aprender a gestionar la situación por sí mismo paulatinamente.

7 ideas para manejar las pataletas con acierto

Te ofrecemos algunas sugerencias que puedan servir de ayuda para acertar en tu forma de actuar ante una rabieta infantil.

1. Anticípate a la rabieta

Si bien no se trata de evitar las circunstancias que sean detonantes habituales de la pataleta de tu hijo, sí que podemos estar atentos cuando prevemos que la situación se nos puede ir de las manos.

A veces el cansancio juega malas pasadas y es el principal inductor de ciertas rabietas que son evitables al tenerlo presente. De la misma forma, aquellas situaciones recurrentes que siempre provoquen la misma pataleta por parte de tu hijo, requerirá una estrategia diferente a la que emplees para hacer avances; piénsalo y anticípate cuando lo veas venir.

2. En caso de duda, apuesta siempre por el cariño

Cuando nuestros hijos reaccionan ante algo con una rabieta, lo que está claro es que son ellos los primeros en pasarlo mal. Quizás no son capaces de comprender una negativa, no ven otras opciones por sí mismos o no son capaces de explicar lo que les ocurre.

Cuando eso les suceda, no olvides que sienten una especie de desamparo y que tu cariño les hará sentir mejor. No se lo niegues y házselo llegar, en forma de abrazo, en tu mirada, en el timbre de tu voz, tu contacto y tu cercanía. Seguro que comienzas a desbloquear la pataleta.

3. No esperes el comportamiento de un adulto en un niño

¿Nos olvidamos que estamos tratando con niños pequeños? No podemos por tanto esperar que sepan actuar con la misma lógica, determinación y acierto que si se tratara de una persona adulta. De hecho, en ocasiones somos nosotros más incapaces de actuar correctamente que ellos.

Adaptemos nuestras pretensiones a expectativas realistas; los cambios de este tipo no se fraguan ni a la segunda vez que se interviene en una rabieta infantil, ni en la tercera ni en la cuarta ni en la quinta. Requiere paciencia y comprensión por nuestra parte, así como perseverancia y confianza en nuestro hijo que acabará aprendiendo.

4. Ante la rabieta, ni ignorarle ni ceder para que se calle

Seguro que habrá quién te haya dicho “déjalo, no le hagas caso, ya se cansará” o quien resuelva la situación cediendo a todo capricho que el pequeño demande con su actitud. Lamentamos decirte que ni una cosa ni la otra van a conseguir mejorar el comportamiento de tu hijo en este sentido.

En el caso de ignorar su demanda de atención, puede que con ello cambies su forma de expresar su frustración, pero también puede llegar a alimentar su sensación de no sentirse suficientemente querido al no detectar indicios de que su malestar te afecte. Por otra parte, también desaconsejamos de forma rotunda ceder a la rabieta mediante la concesión de aquello que desea de forma sistemática.

En cada caso, lo ideal es sopesar las opciones antes de actuar y anticiparnos a la consecuencia que conllevará tomar una u otra alternativa. Recordemos que no existen las fórmulas mágicas y tampoco funcionan los procedimientos únicos.

5. Ayúdale a poner palabras

Muchos de los casos en que las situaciones cotidianas acaban detonando las temidas rabietas infantiles tienen origen en la comunicación entre el niño y el adulto, y en muchos casos ésta falla por el vocabulario tan restringido con el que cuentan los primeros para expresarse (y así conseguir hacerse entender).

Y por si esto fuera poco, debemos contar con otra dificultad con la que se encuentran los pequeños de la casa; definir con palabras sus emociones. Si ya es algo que en no pocas ocasiones a los adultos nos resulta complejo, imaginemos lo que puede llegar a suponer para ellos.

Sabiendo que ésta puede ser una de las claves para cambiar esta situación, aprovechemos la ocasión para ayudarles a encontrar la mejor forma de explicar lo que nos desea transmitir.

6. Mírale a los ojos desde su misma altura

A través de la mirada la conexión entre dos personas se intensifica. Cierto es que esto no es ningún misterio, pero si tenemos presente también el rol que juega la diferencia de altura entre el niño y el adulto, seguramente nos demos cuenta de que no es la mejor de las posturas para realizar un acercamiento entre ambos.

Sin embargo, si en el momento de la pataleta queremos que nuestra comunicación sea óptima, lo ideal es que nos agachemos hasta la altura de sus ojos y al hablarle mantengamos la mirada a un mismo nivel. No sólo estaremos asegurándonos de que su atención se centra en nosotros, sino también estaremos creando una nueva proximidad entre los dos más favorable para tratar el conflicto de forma constructiva.

7. En público, busca un lugar tranquilo para atenderle

Las situaciones ideales no existen, como tampoco funcionan las fórmulas de libro. Es por eso que en muchas ocasiones tendremos que contar con que las rabietas infantiles que nos traen de cabeza y protagonizan nuestros hijos de forma recurrente durante esta etapa, tienen lugar en cualquier sitio fuera de la intimidad del hogar.

En esos momentos, lo esencial es no perder la calma y no dejarse abrumar por el hecho de estar en un espacio público. No olvides que se trata de un niño, y si alguien te increpara por no dar solución inmediata a la pataleta del pequeño, no hagas caso, dile que no es un robot con interruptor de apagado y céntrate en lo importante: Tu hijo.

Si estáis en un lugar abarrotado de personas, llévalo contigo aparte para poder atender la situación con cierta tranquilidad y poder hablar con él con algo más de intimidad. Seguro que entonces podréis centraros mejor en haceros entender mutuamente. Y en caso de duda, recuerda: Apostar por el cariño donde las palabras no alcancen, nunca será una mala elección.

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